¿De que huyes?…

¿Acaso se ha asomado la angustia a tu vida?… Entiendo que te quieras deshacer de ella, es profundamente dolorosa, en sentirte en el precipicio, sin suelo donde asentarte. Acecha en la noche, en los descansos del ajetreo vital, cuando estás callado. Pero como no puedes hacer que ella se vaya, te vas tu… desapareces de la escena. Entonces si no hay nadie, se queda sola la angustia y campa a sus anchas. Se que quedarte es doloroso. Se que no te advirtieron del precio de la existencia. Pero verás, solo te sientes sano después de estar enfermo. Luego desaparece esa sensación. A veces solo sientes el valor de las cosas cuando las pierdes. Incluso la nostalgia no es más que el reclamo de futuros encuentros. La angustia solo la sienten los vivos. Y estarás de acuerdo en que, aunque hay mejores o peores condiciones de la vida, solemos preferir vivir. No me hagas caso. No se porqué estoy diciéndote esto. La vida no se puede pensar, solo vivir. Y nadie puede decirte como. Es más, cuando crees que ya lo sabes todo, de repente desaparece esa epifanía. No te vayas, quédate conmigo. Déjame que comparta contigo ese vacío, esa nada y ese miedo inespecífico. Yo también lo siento. Estoy vivo. A veces quiero mantenerme despierto todo el rato, para no caer en el agujero oscuro. A veces quieres vivir corriendo para que no te detenga esa negritud, pero corriendo no se ve el paisaje. Entonces no hay vivencia profunda, solo correr, parlotear, mirar sin ver. Velocidad, prisa, inmediatez, futilidad, consumo. Solo lees los titulares de la vida. No estoy comiendo, engullo. No estudio, memorizo como los loros y vomito al instante. No se realmente nada. No observo, solo miro. Y aún así, o quizás por eso, se vive en una adolescencia eterna. Narcisismo, victimismo, queja, imagen, futilidad. Nadie quiere soportar el precio. Todos queremos el derecho a tenerlo todo sin esfuerzo, a tener un padre que nos provea. Ya. ¡He dicho ya!. Aquí y ahora dámelo, sin dilación. Los idiotas campan a sus anchas. Queremos normalizar a la baja. Todos iguales. Antes nos uniformaban literalmente, ahora nos uniforman psicológicamente. Pero igual que los babys del colegio eran ralos y de mala calidad, ahora la uniformidad psicológica también. Y si, te puedes salir de la raya sin pasarte. Se pueden reír de ti o hablar a tus espaldas o criticar porque no acabas de encajar. Pero entonces estás solo. Ahora bien, no mucho más solo que los demás, por muchos amigos de Facebook que tengan. Me dices ¡pero ellos son felices!. Si, es cierto. Lo son en alguna medida. Ser idiota tiene ese premio de consolación. Ir más allá en las preguntas y buscar respuestas más allá de las opiniones tiene un premio desconsolador. Dejar de ser un mono parlanchín es a veces andar desesperado. Pero al menos, uno tiene la oportunidad de elegir no ser un mono. Aunque no te vengas arriba. Ser humano no es para tanto. Solo has de preguntarte si vale la pena cruzar el puente.

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