¿Es que no sabemos mirar?

La vida es absurda. Como absurda es la necesidad de construir una identidad que al final es inacabable, impelidos hacia ese inevitable castigo de ser alguien. Y es imposible no seguir el juego. Curiosa la experiencia humana. Sujetos al mundo que se nos representa y ante el que nos representamos. La pregunta de porqué hay algo y no más bien nada, quizás acoja la natural angustia de estar ante el absurdo. Se necesita construir algo desde la nada, sea un sentido de mi mismo, una bandera, un lugar en el que refugiarse o un enemigo con el que batirse. De entre todas las cosas, hechos y campos de sentido (Gabriel, 2016 p.73), la existencia humana es la más difícil de tratar, dado que antes llevaría sin duda al problema de la Identidad, del si-mismo y en definitiva del Yo. Curiosa paradoja, dado que la realidad radical surge de la vida humana en tanto que humana (Ortega, 2016 p. 90), es decir que la primera verdad es mi ser, eso si, sujeto a unas circunstancias sobre las que no queda más remedio que operar sobre el horizonte de la vida. El capricho evolutivo nos condenó a una búsqueda de sentido para sobrevivir ante la natural angustia de hacernos cargo de la vida y de nuestra muerte. Hay que resistir. Luz y oscuridad. Saciedad y hambre. Adentro y afueras. En la intemperie (Esquirol, 2017) hay demasiado sufrimiento. ¿Pero el interior que es?. ¿Acaso placidez y serenidad?. No necesariamente. Buscamos un hogar, solo allí podemos encajar el embate de los elementos de afuera. Pero el hogar puede mutarse en infierno. Es el enredo de la mente, que fruto del mundo se contamina constantemente de deberías, de mitos, de incitaciones para buscar el Santo Grial de turno. Modas, nuevos paraísos cosméticos tan fugaces como falaces. Dios no ha muerto del todo ni para todos. Solo que nos ha abandonado a nuestro albur. Nos desterró después de que Eva y Adán parecieran demasiado humanos. Y el destierro es duro…

¿Libres?. Tu existencia, si la tuya y la de todos viene dada a un mundo que nos pre-existe (sean tus padres, la declaración de los Derechos Humanos, el tren de cercanías o la dieta mediterránea). ¿Libres?. Nuestra lengua ya determina como describiremos la realidad, incluso las sensaciones, emociones y sentimientos. El lenguaje mediatizará el concepto del si-mismo. Somos-en-el-mundo. Motas del polvo en el infinito, que quieren independizarse. Absurdo. El infinito es inalcanzable. Cuando te digo “te quiero” no se realmente que es. Te digo “te amo infinito”. Y es bello. Ah, la belleza. El máximo lugar al que podemos pretender. La cumbre que parece lejana, pero está tan cerca que ni la vemos. ¿Es que no sabemos mirar?. El mundo in-mediato ya está ahí, tocando el cuerpo, dando de comer, acunando, sosteniendo cuando caes. Ese mundo inmediato que proporciona la posibilidad de alegrar –aligerare- el peso de la angustia. De la desprotección que genera el absurdo de la vida. En todo caso son objetos para servirnos o estorbarnos en el incipiente vivir (Ortega, 2016, p. 109). Algo especial y extraño sucede ante la existencia de los Otros. Responden a ciertas cosas, ya que siempre se está haciendo algo. Se llora, se da comida o consuelo. Se critica, se agrede, y aunque parezca que no hago nada, en realidad te estoy desatendiendo. Y no dejan de ser extraños o al menos ajenos para nosotros. Son los Otros. De ahí la cautela, dado que sabemos de su existencia pero solo en tanto cuerpo, porque su mundo privado solo lo podemos intuir. Lo que sienta el otro, piense o experimente no es de entrada incuestionable. No es raro que alguien dijera, quizás Nietzsche no se, que estamos tan tranquilos en el campo porque no tiene opinión de nosotros. No bastante con el absurdo de la existencia, de la búsqueda de sentido, ahora nos las tenemos que ver con el Otro. Adivinar si me quiere o si no soy nada para él. Y a veces si él es importante para mi y yo nada para él, entonces no soy nada. Los algoritmos de la mente lógica son tiranos. Salir de esa tiranía. Quizás se pueda a través del arte, de la disolución del Yo o de ciertos estados mentales extraños. En todo caso, suena difícil. Oímos sonatas de un músico clásico. Nos llevan lejos. Pero el compositor no fue tan lejos. Se quedó atrapado en sí mismo y las angustias de las que no podemos escapar. Si acaso, eludir temporalmente sea por autoengaño o alejándonos de la cordura.

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1. Gabriel, M. (2015). Por qué el mundo no existe (p.73). Barcelona: Pasado y Presente.
2. Ortega y Gasset, J. (2016). El hombre y la gente (p.90). Madrid: Biblioteca Nueva.
3. Esquirol, J.M. (2017). La resistencia íntima. Ensayo de una filosofía de la proximidad. Barcelona: Acantilado.
4. Ortega y Gasset, J. (2016). El hombre y la gente (p.106). Madrid: Biblioteca Nueva.

 

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